
- Entre develos y viejas canciones comenzé a imaginar...
Yo era como el viento y danzaba sin control, era fuerte y dulce a la vez. Era vital e imponente, dueña de los cielos mientras que acariciaba las verdes praderas.
Y fuí como el agua y jugaba en mi cauce, refrescaba mis pasar. Flexible como nada más y en el mar respetada por todos; una reina a veces dulce y otras salada.
Luego era fuego, el temido y controlado, al servicio, sometido por los humanos... eso creían ellos pero mi libertad era evidente. Y en mi ira podía arrasar con todo y todos.
Por último fui tierra, la gloriosa madre. Fértil y generosa como ninguna otra, a la vez muy sutil, pasando inadvertida y por esto me hirieron por dentro y fuera, marcándome de por vida, y está vida nunca calmara su dolor.
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Finalmente todo acabó, el sueño invadió mi cuerpo, la música fue marchitándo tal cual flor en invierno y empecé a soñar..
Escribía recostada en mi cama, triste sin la persona deseada y me reflejaba en los elementos de la naturaleza, elementos de la vida que eran mi vida. Toda cualidad, forma, virtud y defecto eran mios y yo de ellos... tal vez somos uno pero yo no estaba completa sin ti.
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Un rayo de luz llegó a mis párpados y desperté...
Estaba muerta (¿o viva?), no era nada ni nadie. Soledad me llamaron pero no lo era, me desesperé sin identidad y huí lejos de todo ser viviente.
Un frio intenso habitaba en mi corazón y una gran incertidumbre mi mente. Vagué en el mundo mortal sin rumbo fijo, encontré mucho, aprendí demasiado y el frio nunca se fue.
Te conocí y fui comprendiando tu escencia; fui queriéndote cada día más hasta el punto que conosco como amor (aunque no sé si lo sea). Mas no fui correspondida... aún menos comprendida...
Y así nuevamente estoy entre desvelos y viejas canciones mientras pienso en ti e imagino que algún día me querrás de la misma forma.
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Ya no sé que es escritura o habla, ni la realidad o la imaginación. Pero veo que todas las luces se van y que me espera el invierno más largo de mi corazón.
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